El molino de Mindán
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El molino de Mindán

Junto a la senda de la Rafica, en el antiguo paraje del Caneo y ya muy cerca del barranco de Mira, se construyó en 1844 un molino harinero que aprovechaba las aguas de la acequia del Fauquí como fuerza motriz para las tareas de molienda.

Con este fin, su primer propietario, Antonio Soler de Bellod, efectuó modificaciones en el trazado de la acequia, lo que ocasionó diversos inconvenientes a los propietarios de tierras colindantes y a los regantes de la huerta, problemas que hubo de subsanar entre 1853 y 1854; en el plano de 1877 aparece ya como propiedad de Teodoro Soler, posiblemente hijo del anterior dueño.

Durante el siglo XX se mantuvo en funcionamiento hasta los años 50, incluyendo una reforma efectuada en 1949 que posibilitó el empleo del agua de la acequia de la rafa superior de la huerta Mayor, tras el cese de la actividad en el molino de Esmeraldo. El apodo del propietario en aquellos años, Francisco Miralles Aznar, Mindán, es el que ha perdurado como nombre del molino.

El edificio se articulaba en dos plantas, con fachada pintada a la almagra y unos característicos ventanales ovales en el piso superior. Desgraciadamente fue derribado en los años 90, lo que ha impedido la conservación de esta infraestructura singular del periodo preindustrial.